EL TEXTO ARGUMENTATIVO

¿Por qué las personas pensamos distinto? 

 

El lugar donde nacemos y crecemos, nuestro grupo social, nuestra familia, la escuela, los amigos, las experiencias que hemos vivido y otros múltiples aspectos, influyen en nuestra forma de ver y pensar al mundo.

 

Las neurociencias, incluso, aportan a través de estudios recientes, afirmaciones que sostienen que lo biológico también tiene cierta injerencia. Y, confirman que el cerebro humano es un órgano anatómica y fisiológicamente plástico (moldeable) y que, pocas cosas, tienen más fuerza que la educación para cambiarlo y modelarlo. 


Existen dos conceptos básicos que hacen referencia a esta idea de ver y pensar al mundo desde lo sociocultural, de situarnos, interpretar y criticar la realidad en la que vivimos: cosmovisión e ideología. 

 

¿Qué es la cosmovisión? 

 

“Cosmovisión es la manera de ver e interpretar el mundo. Se trata del conjunto de creencias que permiten analizar y reconocer la realidad a partir de la propia existencia. Puede hablarse de la cosmovisión de una persona, una cultura, una época, etc. 


Por ejemplo: “La cosmovisión azteca era muy compleja e incluía un fluido intercambio entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos”, “Los musulmanes más radicalizados tienen una cosmovisión muy distinta a la nuestra, pero eso es difícil entender sus acciones” (…) 


Es importante tener en cuenta que una cosmovisión es integral; es decir, abarca aspectos de todos los ámbitos de la vida. La religión, la moral, la filosofía y la política forman parte de una cosmovisión. 

Las relaciones sociales, la cultura y la educación resultan claves a la hora del desarrollo de la cosmovisión individual. Los seres humanos son seres sociales y nadie crece totalmente aislado y ajeno al entorno. 


Puede decirse que las religiones, los sistemas filosóficos y las doctrinas políticas forman cosmovisiones, ya que aportan un marco interpretativo para interactuar con la realidad y desarrollar ciertos patrones éticos y morales. El cristianismo, el judaísmo, el islam, el humanismo y el marxismo, en ese sentido, pueden ser considerados como cosmovisiones. Aquellos que intentan imponer su cosmovisión por la fuerza y no aceptan la disidencia son conocidos como fundamentalistas”. 

 

¿Qué es la ideología? 

 

“La ideología es el conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, una colectividad o una época. El comunismo y el capitalismo pueden ser entendidos como una ideología. 


Mientras que la cosmovisión es una interpretación más filosófica y multidimensional del mundo, la ideología tiende a conservar o a transformar el sistema social, económico, político o cultural existente. Cuenta con dos características principales: se trata de una representación de la sociedad y presenta un programa político (esta plataforma, representa la acción transformadora que desea implementar)”. 

 

¿Cómo influye la cosmovisión e ideología en la construcción de sentido de la comunicación? 

 

Es en estos dos conceptos, cosmovisión e ideología, donde anclamos nuestras estrategias discursivas, lo que decimos, escribimos y comunicamos mediante distintos soportes.  


Por eso, todos podemos opinar de forma diferente y somos libres de expresarnos así. Aunque esto no en todas las ideologías y procesos políticos. 


Por eso, la defensa del sistema democrático y de la libertad de expresión es fundamental para nuestra sociedad y el ejercicio de nuestros derechos. Y, para vivificar a la democracia, debemos ser capaces de encontrar puntos de consenso aún en los temas más ríspidos y generar caminos de legitimidad. 


Félix Lonigro, profesor de Derecho Constitucional UBA y UAI, señala en una nota de opinión del diario “El Cronista”:  


“La libertad de expresión es uno de los derechos civiles que la Constitución Nacional ha reconocido expresamente en su texto. Se trata de la manifestación de la ‘libertad de conciencia o de pensamiento‘. En efecto, así como todos los hombres tienen el derecho personalísimo de pensar lo que quieran, la Ley Suprema también les reconoce el de exteriorizar esos pensamientos. 
 
Nuestra Constitución Nacional se refiere, precisa y expresamente, a una de las modalidades de la libertad de expresión: la que se concreta a través de la prensa. El artículo 14 garantiza a todos los habitantes de la Nación el derecho de ‘publicar sus ideas por la prensa sin censura previa‘”. 
 

Como señala el diario “El Economista” de México, en su artículo titulado “Democracia y Consenso”: “El pacto social ha permitido transitar a entornos democráticos estables, con pluralismo y alternancia pacífica gracias al reconocimiento e inclusión de las oposiciones, a medidas que, sin renunciar al derecho que tienen las mayorías de hacerse presentes, procuran consensos con minorías que en conjunto no son tan marginales y tienen, en todos los casos, también respaldo en votos”. 


Para lograr consensos, es importante saber argumentar y persuadir, con estrategias tanto racionales como emocionales.  


Recordemos que hoy, en la sociedad de la economía de atención (donde le dedicamos poco tiempo a las instancias de comunicación, reflexión y racionalización) conocer y manejar las emociones es fundamental. Tanto para argumentaciones cotidianas como para hablar de los grandes temas que nos convocan. 

 


El texto argumentativo y su estructura 


 

Sabemos que el texto es la base de cualquier tipo de argumentación, ya sea gráfica. oral o multimedial. 

Su estructura es simple: 


  1. Título (puede ser denotativo o connotativo, es importante que conozcas estas definiciones que explicamos en clase). 
  2. Introducción (tema y recorte del tema del que hablamos. No hablemos de generalidades). 
  3. Tesis (nuestra opinión sobre ese tema, nuestro punto de vista). 
  4. Desarrollo (representa -orientativamente- el 60/70% del texto y es el lugar donde utilizamos estratégicamente los recursos argumentativos más convincentes, incluso los emocionales. Estos recursos son: ejemplos; datos estadísticos: cifras, porcentajes; pregunta retórica; comparaciones; analogías; citas de autoridad; hechos; contraejemplos; y, otros. 
  5. Conclusión: el momento en que reafirmamos nuestro punto de vista y sintetizamos lo más importante de lo expuesto. Es, además, donde podemos invitar al oyente a la acción o a la reflexión. 

 

Importante: El orden en el uso de los recursos argumentativos, a la hora de escribir el texto o expresarse oralmente, es una estrategia. Por ejemplo, la elección del orden en que jugamos las cartas en el truco. 

Nosotros decidimos cuándo jugar las “cartas” (recursos) de mayor y de menor valor. Por ejemplo, si tenemos buenas citas de autoridad y datos estadísticos serán nuestras “mejores cartas” (argumentos).  

 

Si en cambio, solo tenemos un muy buen recurso como las comparaciones y los otros son más pobres (hechos y analogías), debemos saber cuándo jugar nuestra mejor “carta”, al inicio al final de la argumentación.  

 


En esto es clave el orden, es decir, la estructura inductiva o deductiva, que se muestra debajo en la infografía “El Texto Argumentativo”, de @profeanaalvarez.  


Un texto argumentativo, de corta extensión, debe contener al menos tres recursos argumentativos, correctamente enlazados mediante los conectores correspondientes. Es importante que te hagas un cuadro con los conectores para tener siempre a mano y que puedas incorporar en tu léxico al menos, 6/10 de distinto tipo.  

Compartimos a continuación los siguientes cuadros a modo de resumen:  

 

 

 

 

 

 

 

Insertando imagen... 

 

 

Recuerden que para argumentar tenemos que ponernos en el lugar del que piensa distinto y tratar de entender por qué piensa así. Si no tenemos en cuenta su historia de vida, sus valores y creencias... en definitiva, su cosmovisión e ideología, difícilmente lo podamos convencer de algo. 

No siempre, la finalidad de la argumentación es que alguien cambie de opinión, sino que la mayor parte del tiempo buscamos que sea capaz de reflexionar y de entender, también, nuestro pensamiento. Este es el camino para generar un punto de encuentro y de consenso, que nos permita convivir democráticamente. 

 

“El texto se nos presenta como un artefacto dual y polémico en el que resulta fundamental la componente estratégica: el enunciador de cualquier proceso discursivo opera una previsión de las representaciones del receptor y sobre ella funda su estrategia; construye unos enunciatarios a los que atribuye conocimientos, deseos, intereses, etcétera, y prevé la imagen que el receptor fabricará de él mismo en cuanto autor y de su estrategia”. 
Lozano, Peña Marín y Abril (1997: 252). 

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